La leyenda del Arco Iris en las Cataratas del Iguazú

Autor:

15 Dic , 2014  

bestday-iguazu

Yo no sé ustedes, pero de chico en mi Villa María natal, cada vez que aparecía un arco iris era motivo de alegría. Nos juntábamos a verlo y admirarlo luego de cada lluvia fuerte, y más que nada en verano. La humedad que generaba, pesada, abrumadora se aguantaba de la mejor manera al poder ser testigos de ese regalo natural. Ya de grande en Córdoba, el paisaje era diferente, pero la magia del arcoíris la misma. Lo que cambiaba era que se veía menos por tantos edificios. De todos modos la postal ameritaba un llamado de mi hermana para que me asomara por la ventana. Miles de recuerdos nos invadían cada vez que pasaba eso.

Este fenómeno óptico y meteorológico, de la que estamos hablando, según la explicación científica, se da cundo los rayos del sol atraviesan pequeñas gotas de agua que contiene la atmósfera terrestre. Éstas se encargan de producir tal efecto. No vamos a profundizar en esta teoría, que de hecho es un tanto compleja, sino que vamos a decirles que existe un lugar donde todo eso se explica con una historia de siglos. Ese lugar tiene un nombre: Cataratas del Iguazú.

Tierra de leyendas

En las Cataratas de Iguazú,  más precisamente en la “Garganta del Diablo” cuando el sol se hace presente, también lo hace en forma constante un arco iris, que posee una leyenda muy particular, es la que posee como protagonistas a Tarobá y Naipí.

Cuando todo comenzó, en el río Iguazú vivía una enorme y monstruosa serpiente, que no era ni más ni menos que  un dios guardián hijo de Tupá, cuyo nombre era Mboí -víbora en guaraní-. La tribu guaraní del lugar llamada Los Caigangues, una vez al año debía sacrificar una bella doncella, arrojándola al rio. Para tal ritual llegaban otras tribus, y en una de ellas el caique era Tarobá, que se enamoró de Naipí, la joven que querían sacrificar. El cacique s rebelo contra los ancianos pidiendo que no hicieran lo de siempre, pero al ver que no los podía convencer decidió hacer su propia jugada.

La idea era raptarla la noche anterior en su canoa y que juntos escaparan. Al enterarse Mboí, entró en furia a tal punto que encorvó su lomo, partiendo el curso del río y así formó las Cataratas, atrapando a Tarobá y a Naipí. Cubiertos por las aguas, no dejaron rastros y más cayendo de grades alturas, pero sospechando que el amor fuera muy fuerte y siguiera desde el más allá, los quiso separar para siempre. La doncella fue transformada en una de las rocas centrales de las cataratas, siendo castigada por las aguas siempre y a Tarobá lo convirtió en una palmera situada a la orilla de un abismo.

Es en la Garganta del Diablo que Mboí se sumergió para custodiarlos, impidiendo la unión. Pero no siempre se sale con la suya, ya que en los días de sol, el arco iris supera el poder del dios y une a la pareja, funcionando como un puente de amor.

La leyenda atrapa tanto a los viajantes, que cuando vuelven prefieren creer en historias de amor, más que en teorías científicas. Y la verdad es que no está mal.

Destinos

, , ,