La Ruta del Vino en Mendoza

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3 Mar , 2015  

Mendoza es una tierra de contrastes: la soberbia de la Cordillera de Los Andes se ve interrumpida por la prolijidad y la delicadeza de sus viñedos dispuestos en filas. Sin embargo, ello no les quita el mérito de verse rebosantes de uvas, a la espera de ser cosechadas para convertirse en el elixir de todos los asados argentinos, ¿y por qué no del mundo entero? Ya que no se puede negar que los varietales mendocinos son de una calidad y sabor únicos.

Dark Wine Cellar At A Bodega 1

 

En base a esta escena cotidiana, la de una ciudad que está atravesada por la industria vitivinícola, no se trata de mantener un perfil bajo, sino de ponerse presumidos y mostrar aquellas bondades que le permiten a Mendoza jactarse de  ser la “Tierra del Sol y del Buen Vino”. Pero además, se trata de acercarle la experiencia a la gente, de invitar a todos aquellos que son ajenos a esta realidad a conocer, y especialmente disfrutar  lo que pasa en ella.

Y bajo esa consigna, se desarrolló “La Ruta del Vino”, una propuesta turística que toma lo mejor del mundo de los viñateros: su historia, el proceso de elaboración del vino, el reconocimiento de sus instalaciones y por supuesto, una degustación.

Así, las bodegas que acompañan los 4 puntos cardinales de la provincia, abren sus puertas a los turistas y curiosos que quieran aprender sobre ellas. La Ruta del Vino está organizada según zonas. Es así como tenemos la zona norte, que es una mezcla de la picardía de la ciudad con la tranquilidad del campo, y cuyos principales departamentos son Lavalle y Las Heras, con uvas rosadas especialmente, y Luján de Cuyo, Maipú, Guaymallén y Godoy Cruz, con su “salpicón” de varietales. Luego tenemos la zona este, de aires fundamentalmente campestres y que se distingue por su enorme producción,  liderando el segmento mendocino.  Aquí están los departamentos de San Martín, Rivadavia, Junín, Santa Rosa y La Paz.  Por su parte, la zona sur tiene el mando del 20% de la producción de la provincia, en los rincones de San Rafael y General Alvear. Pero quizás, junto al protagonismo de sus viñedos, corre pareja la gracia de la naturaleza, con postales cordilleranas acompañadas de ríos, como el Atuel y el Diamante.

Y por último, el Valle de Uco, cuyos viñedos se distribuyen entre Tunuyán, Tupungato y San Carlos. Su principal, fortaleza es el Malbec que, por las condiciones del lugar, aquí adquiere matices únicos, que lo vuelven inigualable e insuperable.

La mesa está servida y cada cual podrá tomar el varietal que guste, de la zona que le plazca. A estas diferentes experiencias vitivinícolas, siempre se las puede acompañar con alguna otra: por ejemplo, muchas bodegas cuentan con restaurantes en donde es posible degustar exquisitos platos que calzan a la perfección con los vinos.

Y así, después de disfrutar de estos caminos del vino, los elogios y felicitaciones sólo pueden venir de una sola forma: con un brindis en alto por este trabajo conjunto de la naturaleza y la mano del hombre, cargada con el vino de nuestra preferencia.

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