Atardecer en Chefchaouen

Qué hacer y qué ver en Marruecos

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31 Dic , 2019  

Si hay un destino impactante desde el minuto cero en el que comenzamos a recorrerlo, ese es Marruecos. ¿Por qué? Porque con sus aromas, colores y texturas nos estimula constantemente todos los sentidos y te van a dar unas ganas tremendas de sacarle fotos a cada trama de mosaico de las paredes o puertas talladas con diseños geométricos árabes. Además, su infraestructura laberíntica hace que cada una de sus calles sea única y convierten tu estadía en un desafío interesantísimo. Por eso y mucho más, desde BestDay te acercamos la última nota del año para descubrir junto a nosotros qué hacer y qué ver en Marruecos.

Marrakech

Empezando por el principio, Marrakech, con su tradición de metrópolis política, económica y cultural es nuestra primera y obligada parada. Esta ciudad fue fundada por el primer emir de la dinastía bereber y se encuentra al pie de la Cordillera del Atlas y es compartida con Argelia y Túnez.

Hay dos áreas bien definidas: la Medina o ciudad vieja (patrimonio de la Humanidad desde 1985) y la parte más moderna de la ciudad nueva construida por los franceses en época colonial. Rodeada por la Medina, encontraremos el epicentro de los vendedores ambulantes de todo tipo en donde el regateo en imprescindible a la hora de la compra, de mujeres que pintan las manos y pies con diseños increíbles de henna, encantadores de serpientes, escritores, animadores de kermeses, bailarines y decenas de puestos gastronómicos. Luego, al caer la noche todo se ilumina y la actividad se multiplica (tenés que experimentarlo).

En definitiva, en Marrakech hay infinidad de sitios para visitar, como la Madrasa Ben Yussef, los jardines de la Menara, el Museo de Dar Si Said (de Artes Marroquíes), el Jardín del Agdal (400 hectáreas), las Saadíes y los palacios Badi y de la Bahía.

Marrakech
Marrakech
Autoría: Christian Eric Deuter (Flickr)

El camino al Sahara

¿Sabías que el desierto del Sahara tiene más de 9 millones de kilómetros cuadrados (casi el tamaño de China)? Una locura, sí, una locura que abarca gran parte del norte de África y se puede acceder a él desde el sur de Marruecos. Si tenemos en cuenta nuestra primera parada en Marrakech, vas a necesitar al menos 2 días para llegar, entrando a través de un pueblo llamado Merzouga, a 560km al oeste. 

En caso de que no dispongas de ese tiempo para calentar motores para la aventura, te conviene contratar una excursión grupal para recorrer varios pueblos en el camino y atravesar el Alto Atlas, la cadena montañosa que recorre el país. Para hacer el recorrido del Sahara te recomendamos los meses de la primavera europea, es decir, entre abril y principios de junio, y también los de otoño. Es mejor evitar julio y agosto, pueden ser demasiado calurosos.

Mientras el paisaje cambia del verde del valle al ocre rojizo de las montañas áridas, vas a conocer el kasbah de Ait Ben Haddou. Esta es una ciudad con construcciones de adobe y adornos geométricos, declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. También, un poco más adelante vas a poder visitar los “Estudios del Atlas” donde se filmaron pelis como Gladiador, Babel y Lawrence de Arabia. 

A medida que te acercás al desierto del Sahara te vas a encontrar con una dicotomía visual de otro planeta: de un lado, el piso seco del pueblo, y enfrente, las dunas amarillas interminables. Algo completamente recomendable, y que te ofrecen durante el recorrido, es un pañuelo para la cabeza que te cubre el cuello del sol y la cara de la arena.

Una vez en el dromedario (el camello de una sola joroba), empieza un viaje que solo creías posible en las películas y que cuanto más lejos del pueblo llegues, ¡mejor! Es una experiencia que solo se logra dimensionar al vivirla. En el campamento, mientras comés delante de un fogón y al ritmo de los tambores marroquíes no podés dejar de bailar y luego, al terminar ya en la noche, recostate sobre la arena y dejate maravillar por el cielo y las estrellas, millones de estrellas, incluso fugaces para pedir tus deseos. Incluso vas a poder ver esas formas que parecen nubes, pero que en realidad son conglomerados de estrellas de la Vía Láctea.

Un dato no menor: es importante chequear el clima y ¡la fase de la luna! La visión de las estrellas puede ser parcial con la luz de la luna presente y total sin ella.

Otra parada obligada si sos aventurero empedernido y te encantan los desafíos y escalar, son las Gargantas del Todra.  Sus paredes rocosas se estrechan y se elevan hasta alcanzar los 300 metros de altura. Tanto las gargantas del Todra como las del Dades son cañones que respectivos ríos han ido cavando a lo largo del tiempo. Por su particular geografía, estos “tajos” en el Alto Atlas son blanco preferido de montañistas y escaladores.

Desierto del Sahara por la noche
Desierto del Sahara por la noche
Autoría: Mamalek (Flickr)

Fez

Siguiendo con nuestro recorrido oficial, llegamos a la tercera parada. Con dos millones de habitantes, Fez es la tercera ciudad de Marruecos tras Casablanca y Rabat, es la primera ciudad imperial de Marruecos y se la considera capital cultural, religiosa y espiritual del país. Su medina es la más grande de este destino y se trata de un enmarañado laberinto de callejuelas muy angostas en donde lo más recomendable es caminar con guía, a menos que quieras ir por tu cuenta sabiendo que vas a terminar perdido (sí, sabemos lo que te decimos)

La medina Fez el-Bali es la mejor manera de empezar a conocer este maravilloso lugar. Nuevamente, orientarte no va a ser fácil pero claramente esto es parte de su encanto, así que ponete tus zapatillas más cómodas y adentrate en sus calles y descubrí cada rincón.

La puerta azul es la entrada principal de la ciudad amurallada y, siguiendo por la calle principal, vas a descubrir la Madrasa de Bou Inania (una escuela muy bien mantenida). La mezquita Al Karaouine es una de las universidades más antiguas del mundo y, antes de encontrarla, te vas a cruzar en el camino con fuentes de agua decoradas con mosaicos, pequeñas plazas y, otra vez, los zocos (mercados).

Sin temor a equivocarnos, las curtidurías son uno de los lugares que más te van a impactar. Desde algunas terrazas de los edificios, vas a ver fosas con diferentes tintas que se utilizan para darle color al cuero. El olor no es el más agradable y van a ofrecerte hojas de menta para aplacarlo, así como también van a querer ser tus guías a cambio de que compres algo en sus tiendas (pueden ser un poco invasivos, pero si arreglás el precio con antelación, no vas a llevarte ninguna sorpresa).

Dato: a tres horas de Fez en tren hacia el suroeste podés visitar Casablanca -sí, la de la película-, con su gran mezquita Hassan II.

Fez
Fez
Autoría: Joel Le Montagner (Flickr)

Etérea y azul

Al noroeste, a 200 kilómetros de Fez y en medio de las montañas del Rif, hay una joyita que parece diseñada para ser admirada. Se llama Chefchaouen, aunque también puede figurar como Chauen. Los edificios de su barrio antiguo son pintados con diversos matices de azul, de ahí que es conocido como “El pueblo Azul”.

Sus calles empedradas que suben y bajan están repletas de negocios en donde vas a poder encontrar artesanías, marroquinería, alfombras, joyas y fantasías. En Uta el Hammam, su plaza central, se ven los muros rojos de la kasbah, una fortaleza y mazmorra del siglo XV y el curioso minarete octogonal de la gran mezquita.

Algo que no podés dejar de experimentar es la tradición de ver los atardeceres de Chefchaouen desde una mezquita en la ladera una montaña, al este de la ciudad. Eso sí, vas a tener que trepar (y mucho), pero hay recompensa asegurada. Esta mezquita es conocida como mezquita del Buzafar, que en árabe clásico se entiende como bigotes grandes.

Atardecer en Chefchaouen
Atardecer en Chefchaouen
Autoría: Ping & Wenji (Flickr)

Finalizamos el recorrido con unas recomendaciones gastronómicas que van desde el Tajín, una cazuela de barro en la que preparan de todo: pollo al limón, verduras, cordero o ternera con muchas especias (jengibre, cúrcuma, comino y pimentón), hasta Cuscús, cuya base es sémola de trigo y varía su acompañamiento con opciones con carne o veggies y la Pastilla, que es como una empanada agridulce redonda de masa filo, rellena de carne, almendras picadas y con aroma a canela. 

Ah, y claramente no podía faltar el postre, los dulces marroquíes, que suelen venderlos por kilo y pueden ser tu perdición. Almendras, nueces, pistachos, azúcar, canela y miel son algunos de los ingredientes de estas masitas deliciosas.

En fin, motivos para conocer Marruecos tenés y muchos, ahora solo falta sumarte a nuestro viaje y disfrutar con BestDay de un destino increíble.

BestDay

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